
La primera novela de Roberto Arlt narra, en cuatro episodios, la lucha de Silvio Astier, un adolescente de catorce años, por escapar de la miseria y la humillación a la que se siente sometido por su condición social, marcada por la marginación y la pobreza:
“(…) No recuerdo por medio de qué sutilezas y sinrazones llegamos a convencernos de que robar era una acción meritoria y bella (…)”.
“(…) Así vivíamos días sin par emoción, gozando el dinero de los latrocinios, aquel dinero que tenía para nosotros un valor especial y hasta parecía hablarnos con expresivo lenguaje.
Los billetes de banco parecían más significativos con sus imágenes coloreadas, las monedas de níquel tintineaban alegremente en las manos que jugaban con ellas juegos malabares. Sí, el dinero adquirido a fuerza de trapacerías se nos fingía mucho más valioso y sutil, impresionaba en una representación de valor máximo, parecía que susurraba en las orejas un elogio sonriente y una picardía incitante. No era el dinero vil y odioso que se abomina porque hay que ganarlo con trabajos penosos, sino dinero agilísimo, una esfera de plata con dos piernas de gnomo y barba de enano, un dinero truhanesco y bailarín cuyo aroma como el vino generoso arrastraba a divinas francachelas.
Nuestras pupilas estaban limpias de inquietud, osaría decir que nos nimbaba la frente un halo de soberbia y audacia. Soberbia de saber que al conocerse nuestras acciones hubiéramos sido conducidos ante un juez de instrucción”
“(…) ¿Qué haría ante el Juez del Crimen? Negar siempre, aunque me cortaran el pescuezo, dijo Silvio (…) A mi no me cachan. Antes matar”
“(…) Por eso hay que envenenar las balas -repuso Lucio-“.
“(…) Nada de lástima-continuó Silvio-Hay que reventarlos, aterrorizar a la cana. En cuanto estén descuidados, balas…a los jueces, mandarles bombas por correo…
Así conversábamos en torno de la mesa del café, sombríos y gozosos de nuestra impunidad ante la gente, ante la gente que no sabía que éramos ladrones (…)”.
Fuente: Fragmento del capítulo uno “Los ladrones”. El mismo fue escrito en 1920 y Roberto Arlt publicó la novela completa, El Juguete Rabioso, en 1926.


