miércoles, 10 de febrero de 2010

PRIMER LÍNEA FÉRREA


Los ferrocarriles argentinos se pudieron desarrollar en momentos muy difíciles para nuestro país porque el espíritu de progreso fue mucho más fuerte que las mezquindades propuestas por aquella coyuntura sociopolítica.
La guerra de la Triple Alianza, la epidemia de fiebre amarilla y los cruentos enfrentamientos que se sucedieron por la federalización de Buenos Aires, no pudieron impedir ni limitar los alcances de esta nueva “revolución industrial”.
Fue bajo la gobernación de Valentín Alsina (1857), cuando en la provincia de Buenos Aires rodó por primera vez el ferrocarril. A pesar de que las negociaciones habían sido abordadas por el general Justo José de Urquiza con empresarios españoles, para que estos se hicieran cargo de la construcción del ferrocarril, que debía partir de las barrancas del Rosario (Santa Fe) y llegar a la provincia de Córdoba, fueron los caballos de hierro ingleses los primeros en surcar estas tierras gauchas.
Las obras primero se hacen de sueños para luego comenzar a materializarse, fue así que un grupo de ciudadanos conforman la sociedad de ferrocarril “Camino de hierro de Buenos Aires al Oeste” para establecer el trayecto de Buenos Aires-Morón, solicitando como única excepción la introducción libre de los derechos de las materias primas de construcción, lo que a su vez iba a traer aparejado un montón de beneficios para el país.
El ferrocarril partió por primera vez de la plaza del Parque de acuerdo a la sanción del Senado y la Cámara de Representantes del Estado de Buenos Aires, que en Asamblea General dispuso: “Buenos Aires, agosto 14 de 1854. Art. 1º: El ferrocarril del que habla la ley del 9 de enero del corriente año deberá arrancar en dirección en una de las calles siguientes: Potosí, Victoria, Federación, Piedad, Cangallo, Cuyo, Corrientes, Parque, Tucumán y Temple. Art. 2º: Quede derogado el artículo 4º de la mencionada ley en la parte que se opone al artículo anterior. Art. 3º: Comuníquese al Poder Ejecutivo”.
Si bien la Comisión Directiva del Ferrocarril Oeste en un principio había pedido que se la eximiese de la obligación contraída con respecto al establecimiento de un ferrocarril movido por locomotoras a vapor, por lo costoso de su construcción y funcionamiento, y pudiesen sustituirlos por la fuerza de las bestias (Tracción a sangre: caballos), finalmente se impuso el uso de la locomotiva a vapor.
El gobierno cooperó en las obras que se ejecutaron bajo la dirección del ingeniero Guillermo Bragge, al tiempo que la sociedad ordenó la compra de dos locomotoras (numeradas 570 y 571) las que llegaron al país, acompañadas por varios coches de pasajeros y vagones, el 25 de diciembre de 1856, a bordo del buque inglés “Borland”.
El primer ensayo se realizó el 28 de enero de 1857, ante una numerosa concurrencia que despidió con algarabía a la primera formación, que al pasar por la quinta del Dr. Velez Sarsfield permitió que él mismo subiese, convirtiéndose así en el primer pasajero transportado por la nueva línea ferroviaria. Pero no todo fue un camino de rosas porque pocos días después, cuando los miembros de la Comisión deciden realizar el viaje hasta La Floresta, al bajar por una pendiente, la locomotora descarriló sin tener que lamentar ninguna consecuencia grave pero sí ocasionando un gran susto entre el pasaje.
No obstante continuaron los ensayos que ayudaron a vencer los obstáculos y permitieron establecer la primera línea férrea de los pueblos del plata, desde entonces el ferrocarril nos acompaña en nuestra vida cotidiana.


Fuente: Carlos Alberto González, Directos del Museo Ferroviario Nacional y Centro de Estudios Ferroviarios.

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